viernes, 30 de diciembre de 2016

LA FACHADA DE UN EDIFICIO


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Este es el último post del 2016.  ¡El tiempo se ha ido volando! Soplan nuevos vientos para el nuevo año que se avecina. Y he querido terminar por lo que se supone debí empezar: La Fachada de un edificio.

La fotografía que precede este artículo es de un proyecto inmobiliario que tiene excelente perspectiva. Desde el punto de vista estético la combinación de formas y colores no ha podido ser mejor. Y los balcones -a pesar de no gozar con mi entusiasmo por ser de vidrio con pasamanos metálico- ostentan la altura reglamentaria y un atractivo toque de color.  Con las ventanas sucede algo similar, tanto, ya que el antepecho transparente está dividido verticalmente en dos y su altura parece ser la exigida, al menos visto a la distancia. Lo único que me eriza los cabellos es el parapeto de vidrio de la azotea, el cual espero sea más cortaviento que otra cosa y que tenga un seto vivo que impida asomarse, pues de otra manera no respondo de las averías tipificadas en el post Ventanas y Balcones (Primera Parte) .

Por desgracia, de lo que sí respondo es que el pobre edificio se entregará impecable y a los pocos meses estará sucio y deslucido. ¿Por qué? Porque carece de protección anti-lluvia en la azotea y en las ventanas. El agua sucia va a hacer de las suyas y en menos de un año tendrá que volverse a pintar. Será preciso retocarlo con frecuencia y dudo muchísimo que los propietarios estén dispuestos a un desembolso anual para este concepto, por lo cual vaticino que en poco tiempo lucirá verdaderamente desastroso. ¡Espero de todo corazón estar equivocada, porque la fachada en verdad me enamora! 

Ahora bien, ¿por qué los edificios de hoy son tan particularmente sensibles al polvo y a la lluvia? En primer término, porque, como siempre, los modelos foráneos hicieron su agosto, logrando que la Modernidad desplazara a la Funcionalidad.  En los años 70 se innovaron los conceptos arquitectónicos y se hizo muy popular el estilo rectangular liso,  con ventanas de fierro o aluminio que se instalaban casi al ras del límite externo del vano. ¡Mi abuela solía decir que tales casas parecían cajón de muerto! No voy a ser tan radical, porque en un "ataúd" similar viví durante 30 años.  Sobre este diseño-base se erigieron los inmuebles de entonces:



Haciendo un paréntesis, el cerco eléctrico que apreciamos en la foto tiene que ser una instalación más reciente. ¡Y es que en los 70 el lechero nos dejaba la botella de Leche "Plusa" o "Vigor" en la puerta y a nadie se le habría ocurrido desaparecerla ni por broma!  Las casas tenían retiros abiertos y las rejas protectoras eran cosa rara, salvo que el exquisito propietario gustara exhibir las de corte virreynal en sus ventanas. ¡Qué tiempos aquellos!  Pero volviendo al hecho arquitectónico, cabe destacar que el diseño "ataúd" trajo consigo que los artísticos aleros y alféizares externos fueron descartados. Por tal motivo, la protección anti-lluvia quedó reducida a nada, tal vez porque aquí se dan más bien lloviznas. Con todo,  el "diluvio" del 15 de Enero de 1970 puso sobre el tapete que nuestra ciudad no se encuentra preparada para precipitaciones pluviales de gran volumen y que era preciso reforzar los techos.  Mi padre lo hizo en los 80 con ocasión de construir el segundo piso, en previsión del Fenómeno del Niño, valiéndose de los ladrillos pasteleros.  Mas no todos son tan precavidos como él y actualmente tenemos casas y edificios sin ninguna protección contra la lluvia.  Tomando en cuenta que con el cambio climático, las lloviznas de goterones se han vuelto moneda corriente en nuestra limeñísima urbe y que la contaminación ha hecho que en lugar de polvo pulule el hollín, es natural que los edificios más modernos luzcan de esta guisa:



  


En el pasado los antepechos de casas y edificios no tenían el grosor de una cinta, como hogaño se estila. Tanto en el interior como en el exterior gozaban del espacio suficiente para apoyar los brazos e incluso colocar adornos.  Y en la parte externa la disposición era ligeramente orientada hacia abajo, de manera que la lluvia caía sobre ellas sin manchar las paredes: 




Incluso si el alféizar era reducido, igual contaba con este mecanismo:




Hoy apenas tenemos el marco de aluminio. ¡Y gracias, si el agua no se filtra hacia el interior! Hay que poner solución, amables lectores.  Por supuesto que no estoy reclamando las molduras talladas de ayer, pero sí un alféizar decente en cada ventana con el correspondiente vierteaguas liso (1), que puede ser de ladrillo pastelero, cerámico y hasta de granito:




Como ven, nada del otro jueves, señores.

¿Sería necesario un alero para cada ventana? Si ustedes, estimados Arquitectos, quieren innovar al estilo retro, aplaudo la moción.  Nada cuesta agregar un artístico alero sobre la ventana, hecho de fierro bañado con pintura anticorrosiva y cubierto con policarbonato. Verdad que esto tendría que contemplarse para edificios de pocos pisos, de otra manera la limpieza se tornaría imposible y el remedio sería peor que la enfermedad:



¿Y qué de los aleros con tejas? Desde que vi "Ben Hur" les profeso un santo horror, y me guardo mucho de pasar debajo de estos si por casualidad me los encuentro en la calle. De todas maneras son muy útiles,  y bien instalados no tienen pierde. Este es un modelo clásico para edificaciones en zona RDB:




Con todo, creo que un alero debidamente instalado en la parte superior del edificio es más que suficiente para desfacer el entuerto:




Esto es lo que en España se conoce como "edificios impermeabilizados". No es caro implementarlos aquí. Por supuesto que el material tendría que ser ladrillo pastelero.

En cuanto al color de las fachadas, he de decir que me encanta el blanco y si por mí fuera todas las viviendas deberían lucir este color.  Por desgracia, entre la humedad de Lima y la contaminación han hecho imposible el sueño de la casa color nieve que tanto se veía en los cuentos infantiles de mis tiempos idos. Y esto empeora cuando se emplean insumos de mala calidad. He visto predios recién construidos y ya la pintura se está descascarando ¡Y menudo problema si encima los balcones carecen de sumideros y/o su antepecho no llega al suelo!.  El edificio que van a ver abajo - ubicado en Las Casuarinas Sur- no tiene ni cinco años y la pintura se estaba cayendo a pedazos:




Hagámosle justicia: Ya lo pintaron y ahora está hermoso. Incluso el departamento que estábamos ofertando ha sido vendido. Pero no esperemos que todas las Juntas de Propietarios logren que los vecinos unan recursos para adecentar las fachadas. Y si los proyectos modernos van a ostentar unos frontis dignos de la casa de Drácula, no quedará más remedio, señores Constructores, que ocultar la obra por no ser referente para futuras edificaciones.

Entonces, ¿qué hay que hacer, además de impermeabilizar? Elegir pintura de exteriores lavable y de excelente calidad. Ni más ni menos. Asimismo, no niego que las tonalidades pastel son exquisitas, pero dadas las circunstancias habrá que reemplazarlas por matices que disimulen el hollín. Unido a lo anteriormente dicho se logrará que la fachada de un edificio luzca decente, con el plus de un muy fácil y nada costoso mantenimiento.

¿No vuela vuestra imaginación, señores Constructores y Proveedores de acabados de construcción? ¡Hay muchísimo por hacer, créanme! ¡Tienen ustedes harta chamba  para este 2017!

¡Feliz Año Nuevo para todos!


Notas aclaratorias:
(1) Ignoro con qué nombre se le conoce aquí.



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